ORÍGENES DE LA FALTA DE ATENCIÓN-CONCENTRACIÓN

La falta de atención-concentración dificulta la vida cotidiana, de forma significativa, sólo cuando se produce con frecuencia.

Cualquier persona puede perderla en algún momento, pero no tiene importancia si es un hecho puntual. Sólo se convierte en un problema si la pérdida de atención-concentración es repetitiva, esto es, si se produce frecuentemente.

Causas por las que una persona puede perder la atención-concentración:

1) Porque una persona tenga ansiedad o problemas depresivos y se encuentre bloqueada emocionalmente; entonces, se produce una pérdida de atención-concentración, ya que la persona se encuentra sumida en sus propias obsesiones y/o pensamientos negativos y no es capaz de focalizar en otro estímulo que no sean sus preocupaciones o su estado de ánimo.

2)  Porque algo no le interese y desvíe su atención hacia otro lugar o hacia sus propios pensamientos que no tienen que ver con el objetivo o la situación que les ocupa. Esto, por ejemplo, les ocurre a las personas con altas capacidades cuando algo no es foco de su interés o les provoca aburrimiento; desvían su atención y es posible que no se enteren o que pierdan dicha atención-concentración en esa persona, hecho o actividad en concreto. Esta pérdida de atención es voluntaria, lo ha decidido así la persona y puede ocurrir con frecuencia si el estímulo que provoca la distracción (como puede ser la enseñanza académica repetitiva) se presenta a diario. El bajo rendimiento académico e, incluso, el fracaso escolar de una alta capacidad pura (sin trastorno asociado) se relaciona con el aburrimiento y falta de motivación en el aula, lo cual les provoca desinterés y esto les lleva a una dificultad para concentrarse.

3) Porque la persona tenga un TDAH conteniendo la parte inatenta o de déficit de atención. Entonces, la pérdida de atención-concentración es involuntaria y provoca en la persona emociones negativas relacionadas con la frustración, la incontrolabilidad de esa parte de su vida (indefensión) y, finalmente, la propia infravaloración al distraerse, perder información y cometer errores sin querer.

El origen de la pérdida de atención-concentración es muy importante porque, referido al tema académico, si es debido a que el/la alumno/a no quiere, voluntariamente, tenerla o mantenerla, no es lo mismo que si no dispone de voluntad para ello. Así, una alta capacidad pura no tiene por qué tener problemas de atención-concentración, es que no quiere poner su atención en algo que no es de su interés o ya lo sabe (¿para qué?), aunque sí puede llegar a tenerlos por falta de hábitos de estudio. Sin embargo, el TDAH, cuando conlleva en su diagnóstico los síntomas de inatención, no puede evitar desconcentrarse cuando el tema no le interesa mucho, bajando su dopamina cerebral por aburrimiento y desmotivación y, por consiguiente, perdiendo su atención-concentración de forma involuntaria. Estos matices habría que tenerlos en cuenta en los centros escolares, los orígenes de los síntomas, para que tuvieran la consecuencia oportuna en cada caso y la metodología se adaptara a este alumnado.

De nuevo, el conocer el origen de los síntomas psicológicos es fundamental para realizar una correcta intervención psicológica. Sólo por los síntomas no debemos empezar una intervención psicoeducativa o una terapia psicológica (la que sea); habrá que evaluar, investigar y saber el por qué esa persona presenta ese conjunto de síntomas (si conlleva o no una limitación real). Y no se trata de etiquetar, sino de tener la información correcta para el centro escolar o para el/la terapeuta y para la propia persona, que abordará su problema con una mayor luz que si lo hace con falta de datos.

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